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El día después en esa tierra encantada, preludio de nuestra marcha, nos deparó nuevas aventuras, un vergel mágico nos aguardaba. Sería imposible describir de lo que fuimos testigos, cuanto vimos colmó nuestras expectativas y trasladar en palabras todo aquello no está a mi alcance.

Sólo me resta tranquilizaros, pues todos regresamos sanos y salvos, con sobresaltos, sí, pero nada que un buen descanso posterior no podía restañar adecuadamente.



Tras una pequeña victoria, nuestro grupo debía separarse. Sólo 2 de nosotros habíamos elegido adentrarnos en el Aire Mágico, el resto continuaría profundizando en los misterios de Albión, pobres ilusos, con la pérfida Albión no se permiten los juegos banales, tuvieron que sufrir aquel día horribles tormentos, pero a su momento, relataré esa historia.

Mi fiel compañero y yo nos adentramos en los dominios del Aire Mágico, los pergaminos sagrados nos permitieron franquear todas las barreras de aquella fortaleza. Con la confianza y seguridad recuperada observábamos todo a nuestro alrededor, nuestros ojos se centraron en… una tienda, sí una nueva tienda con extraño ser en su interior. Estaríamos todavía bajo el hechizo de los puestos callejeros de Albión?, no lo parecía, o el encantamiento iba remitiendo en poder, pues la tienda fue la más raquítica que vimos aquel día, y no fueron pocas, os lo puedo asegurar. Aún así ambos caímos en la tentación, al parecer no hay relación entre belleza y el consumismo, fue todo tan extraño.

Por fin se nos abrió la última puerta, una cúpula sobre pilares de acero nos envolvía, estaba oscuro, pero no por ello se nos ocultaba la majestuosidad de aquel lugar. El tiempo pasaba y más y más peregrinos e sumaban a nosotros en aquel enclave, un murmullo de respeto en el aire, una extraña solemnidad, algunos elegidos podían alcanzar un estrato superior, en cierto modo los envidiamos, pero no podíamos quejarnos después las vicisitudes pasadas aquel fantástico día. Estábamos a pocos metros del lugar principal que ocuparía el Aire Mágico y desde donde se extendería por aquella extensa sala. Una sala que destilaba historia y mucha vida.

Previamente a la aparición del Aire Mágico, estaba preparada una actuación de lo que en nuestra tierra podrían llamar bufón, un entretenimiento previo al gran espectáculo posterior. Una labor muy honorable y en cierto modo no exenta de complejidad y riesgo, ya que de no cumplir unas mínimas expectativas su integridad podría correr un gran peligro. Salió este por fin, se trataba de una dama con cierta elegancia y gracia. Mediante un objeto blanco de pequeñas dimensiones, que de vez en cuando manejaba, producía una serie de sonidos acompañados por su voz en el lenguaje propio de aquellas tierras. No llamó demasiado la atención, ni para bien ni para mal, fue más bien curioso y la expectación por la llegada del Aire Mágico lo ensombrecía todo. Por fin la curiosa dama se fue, dejaron todo listo para el gran evento, estábamos en una posición inmejorable y llegó el Aire Mágico, años de espera de un pacto silencioso se tradujeron en la siguiente hora y media, describir los sentimientos que el Aire Mágico destilaba en nosotros es una tarea inabordable para mi raquítica pluma, todo el ambiente de aquel hermoso lugar, el duro viaje realizado, no sólo por ese día, sino por todo lo anterior, los sucesivos día a día que nos llevaron a aquel instante, todo un sinsentido aparente para un fin determinado, la vida.



El Aire Mágico se retiró tal cual llegó, en el ambiente aún se sentían sus coletazos, la atmósfera estaba cargada de buenas sensaciones y también nosotros debíamos retirarnos de aquella fortaleza. Cuán afortunados fuimos con respecto a nuestros compañeros. Es el momento de relatar sus desventuras mientras nosotros éramos colmados por el Aire Mágico, lograron no sucumbir a Albión, pero a un alto coste. En primer lugar, al separarnos, regresaron a la morada del gusano del subsuelo, fueron engullidos por la bestia, aguardando salir más tarde en su nuevo destino y desgraciados, la bestia los retuvo, esta se detuvo sin previo aviso y el pánico se adueñó de ellos, aún en el supuesto de conseguir salir en aquel lugar del cuerpo de la bestia, no sabían en donde se encontraban y si no era más que una trampa para ser devorados por alguno de los siervos del gusano. Por suerte se serenaron y aguardaron, poco después el gusano retomó el camino que debía, sin embargo de nuevo se detuvo, que dura batalla se debía estar librando fuera de aquellas entrañas, quién debía ganar para asegurar la libertad de nuestros compañeros. Son preguntas sin respuesta, no porque nuestros compañeros hubieran caído en tamaño enfrentamiento, sino porque finalmente lograron encontrar un punto desde el que huir a la superficie de nuevo. Sin ánimos para profundizar en alguno de los misterios de Albión, decidieron regresar a la colmena, lugar de descanso de nuestro viaje, no exento de peligros. Sus desventuras no acabaron ese aciago día, aunque lograron encontrar el lugar que tenían fijado en la colmena sin perderse en su basto laberinto, cuando el sueño reparador se adueñó de ellos, la muerte se cernió sobre ellos, un lamento que taladró sus oídos los puso en guardia, su capacidad de respuesta estaba limitado por el momento de relajación en que se la muerte llegaba, pero ágilmente se dispusieron a esquivar al ser de la guadaña, y escapara de nuevo. El laberinto de la colmena era un escollo grande, y aún así no se amilanaron, cruzaron pasadizos tenebrosos, escalinatas infinitas y el caos de los moradores de la colmena, que también evitaban a la muerte. Es imposible saber cuántos sobrevivieron y cuántos cayeron aquella noche, pero nuestros compañeros salieron de la colmena, orgullosos de su hazaña no pretendida por ellos. Poco después llegaron los druidas rojos y azules, precedidos por las sirenas de rescate. Expulsaron a la muerte de la colmena en poco tiempo y todo volvió a la normalidad allí, como si no hubiera ocurrido. Llegamos al fin nosotros, después de disfrutar del Aire Mágico y únicamente el relato de nuestros compañeros podía mostrarnos lo ocurrido en aquellas tierras tenebrosas. Con respeto a lo que nos pudiera suceder entramos en la colmena y llegamos al lugar de nuestro descanso. El sueño fue nuestra siguiente parada.

Llegamos a las puertas de la Fortaleza. Reposo del Aire mágico, indiferente a nuestra presencia. No se veían centinelas fuera, abrimos las enormes puertas, sorprendidos de la facilidad con la que penetrábamos en tamaña construcción. Los guardias estaban en su interior, ajenos a nosotros. La paz reinaba en el lugar, en cierto modo eso nos relajó un poco, pero continuamos alerta, éramos extranjeros y no conocíamos las costumbres locales.

Nos dirigimos a uno de los centinelas, cada cual con ropajes más variopintos. Amablemente le indicamos que llegamos en busca del Aire mágico, después de un largo y duro viaje. Ellos ya debían saber de nuestra llegada pero por infortunios del destino no fueron convenientemente informados. Ya lo sospechábamos, nuestro correo convenientemente pagado, había sido un fraude, tamaña injusticia debía ser vengada. Sorprendentemente el centinela no se sorprendió y nos indicó que debíamos aguardar cierto tiempo hasta que su superiora llegase, ella nos juzgaría y habría que acatar su sentencia. Ni siquira discutimos y mucho menos presentamos batalla, los guardianes de la fortaleza nos trataron correctamente y únicamente restaba esperar. Una espera tensa pero reconfortada por la tranquilidad que se respiraba en aquel lugar.

El viento era frío en el exterior, pero decidimos que lo mejor sería alejarnos del lugar y no presionar la situación, regresaríamos desde luego para nuestro juicio, pero no sin antes despejar nuestras mentes en la atmósfera de Albión. Encontramos un nuevo mercado, no tan vasto como el anterior, pero surcado de tiendas muy diversas. A qué se dedicaban en esta Albión para poder sufragar tamaña cantidad de puestos callejeros y tiendas, era inaudito, la sensación de que un hechizo nos estaba afectando empezaba a tomar forma, quizá era un modo de arruinarnos, haciéndonos ver tiendas por doquier, de objetos maravillosos de múltiples procedencias y luminosos, la atracción fatal no podía ser natural, algo nos estaba atacando y no nos dábamos cuenta, sólo en el fondo de nuestra alma percibíamos algo extraño sin comprenderlo. El tiempo pasó y por suerte la atracción del Aire mágico fue suficientemente fuerte para llevarnos de nuevo a la Fortaleza.




Las puertas se abrieron a nuestra llegada, un poder mágico debió ejecutar tal proeza, pues ningún guardián había tras ellas. Nuestra jueza había llegado, no nos la presentaron pero era ella, se movía con seguridad entre los centinelas, con un aura de poder inconfundible. Volvimos a dirigirnos al centinela que nos abordó en la primera ocasión, al instante se dirigió a su superiora y ésta actuó, nuestro juicio comenzó. Pobres de nosotros, sólo teníamos un mísero recibo del correo que debían haber recibido, ella comenzó a realizar comprobaciones, consultó en sus estadillos y libros de registro, revisó todos los escritos de los que disponía, nosotros mirábamos atentos, esperanzados, con el alma en vilo, tan cerca de nuestro destino, a pocos pasos del Aire mágico y la jueza era el último escalón, maldito correo, maldito correo. De repente rasgó un par de pergaminos, la suerte estaba echada, con pasos seguros y majestuosos llegó ante nosotros y simplemente con su brazo extendido y una sonrisa nos regaló los pergaminos que nos permitirían alcanzar el Aire mágico. La felicidad se adueñó de nosotros y nuestros rostros, después de todos los peligros y aventuras pasadas, uno de nuestros objetivos estaba casi cumplido. Estos dos pergaminos nos acompañarían de aquí en adelante como símbolos de que la justicia y la honradez siempre triunfarían.

Era el momento de retomar nuestro cometido por esas tierras tan extrañas. Por desgracia sabíamos que no sería fácil, en nuestro interior habitaba cierta desesperanza, nuestra meta no era otra que descubrir el Aire mágico, debíamos encontrarlo, atravesar las puertas que lo encerraban y aspirarlo. Era el motivo principal de nuestro viaje y ni siquiera teníamos la certeza de poder acercarnos al lugar señalado, una fortaleza antigua que guardaba muchos otros tesoros.

No era el momento del desánimo, seguimos nuestro camino empleando de nuevo al gusano del subsuelo, cada vez más acostumbrado a nuestra presencia y nosotros a la suya. Nos dejó próximo a nuestro destino, sin embargo antes de ir en busca del Aire mágico nos permitimos perdernos por una zona con un gran mercado. Fueron momentos que regocijaron nuestro espíritu, una multitud de puestos variopintos competían por llamar nuestra atención, ya fuera con alimentos u objetos de todo tipo y origen, en todo aquel caos visual nos perdimos alegremente. De repente se nos abrió antes nosotros una extraña gruta iluminada por lo que parecía seres fluorescentes de variados colores, un golem gigante guardaba la entrada con su piel argéntea y brillante, no parecía peligroso así que decidimos comprobar qué guardaban aquellos seres luminosos. Al parecer esa gruta fue en otro tiempo la guarida de un cánido despiadado, que con sus artes oscuras transformó a todo tipo de criaturas en los seres brillantes que decoraban las paredes y suelos. De esas paredes además surgía un sonido pegadizo en cierto modo repetitivo e hipnotizante que nos acompañó durante la fantástica visita en la gruta del cánido oscuro. La antigua morada del cánido constaba de 3 niveles que se desarrollaban hacia las profundidades, suponemos que colindarían con los dominios del gusano del subsuelo. No había rastro del cánido, sólo quedaban los seres malditos y brillantes junto a antiguos tesoros que era posible llevar previo pago de un tributo al golem de la entrada. No adquirimos nada en ese lugar, pero quedamos fascinados por los extraños objetos que se nos presentaban, había ropajes y diferentes especies de armas fustigadoras.

De nuevo fuera, bajo la atenta mirada del golem decidimos que era el momento de abordar nuestro destino, no podíamos posponer más nuestra misión de aquel día, el Aire mágico no aguardaría eternamente y estábamos dispuestos a penetrar en la fortaleza que los guardaba, por las buenas o por las malas, otra cosa sería que lo lográramos.

La fortaleza no estaba lejos de aquel mercado, tras una caminata por el sendero, se levantaba ante nosotros la fortaleza circular, su inmensidad nos dejó sin aliento, la observamos detenidamente y ella permaneció imperturbable. Era el momento, debíamos actuar y así lo hicimos, con decisión y valentía. Dimos un primer paso, luego otro hasta que…


Volábamos, no precisamente por los vientos huracanados que barrieron todo a su paso, escapábamos de ellos, más al alcanzar esa pérfida Albión sus aires nos dieron una cálida bienvenida en forma de sacudidas. Al fondo los bloques de hormigón y acero observaban pacientemente, ya les tocaría a ellos saludarnos a su manera.

Una vez aterrizados tocaba enfrentarse al temible gusano del subsuelo, su voracidad legendaria no nos amedrentó, inconscientes, sí, pero qué es la valentía sino eso. Dejamos que nos engullera en las profundidades de su morada, sin saber si volveríamos a ver la luz del que todo lo mueve. De todas formas no había miedo, sólo un respeto mutuo, suficiente para establecer una relación que duraría hasta el final de nuestro periplo por aquellas tierras extrañas.

Al regresar a la luz desde las profundidades del subsuelo quedaba encontrar nuestra morada, aquella que restauraría nuestros cuerpos y dejaría volar nuestras mentes a espacios de más allá una vez cumplida la misión que cada día teníamos encomendado. No sería fácil, pero con tesón y paciencia alcanzaríamos nuestros objetivos con éxito.

La extraordinaria morada tenía el aspecto de una colmena gigante, sospechamos de inmediato que terribles peligros y secretos albergaban su interior. No nos interesaban los segundos, pero estábamos alertados de los peligros guardaba el interior de la colmena, un laberinto , como aquel del temible Minotauro en el que sería fácil perderse en sus profundidades y desaparecer por siempre. Prueba de ello la encontramos a las puertas de tan vasto lugar, una de sus moradores sucumbió ante nosotros, sin duda llevaba años vagando por el interior de la colmena, su edad y aspecto no dejaba lugar a dudas, pero el cansancio y la emoción de regresar al exterior fue demasiado fuerte para su cuerpo y mente, cayó, cayó a las puertas de su salvación, fue el momento de su perdición pues la locura se adueñó de ella y tras una dura pugna con su cuerpo, pudo erguirse de nuevo. Con una risa que por siempre atronará en nuestro interior regresó a la oscuridad de la colmena. Quizá fuera lo mejor, quizá pudiéramos haber hecho algo para evitar tamaño desastre,... no estábamos preparados para tal situación, como petrificados por Medusa observamos la caída en desgracia de aquel ser que algún día se pareció a lo que somos ahora, quién sabe si al día siguiente nosotros acabaríamos igual. Estábamos advertidos por la colmena.

En aquel lugar unos seres nos indicaron cuál era nuestro destino allí, no fue fácil alcanzar tal punto, pero nuestra habilidad en la orientación fue fundamental. Encontramos la celda que sería nuestro reposo, o eso esperábamos, esta vez sí, con algo de miedo. No nos entretuvimos, cuanto más tiempo permaneciéramos en aquel peligroso lugar, mayores posibilidades habría de acabar malditos.



Una vez fuera comprendimos que nuestro camino sería un imposible de no conseguir víveres suficientes, al menos que nos permitieran soportar las sucesivas visitas al gusano del subsuelo. No éramos los únicos en tal situación, lo que haría más complejo encontrar alimentos. Sorprendentemente en aquel lugar los puntos de avituallamiento se multiplicaban como nunca habíamos visto, cada punto poseía señales más llamativas, maravillados como estábamos nos dirigimos a uno de estos puntos, inocentes de nosotros, ignorantes de las terribles imágenes que nos esperaban en aquel lugar. Nuestro dinero había sido convenientemente transformado mediante artes arcanas que todavía desconozco en una moneda que allí todos comprendían. Lo primero que nos horrorizó de aquel lugar no fue el extraño y atrayente símbolo de la entrada, simulando unas ondas marinas amarillas, no fue eso. Lo que vimos quedará en nuestra mente por los siglos de los siglos, grabado a fuego, pues en aquel lugar los seres que allí había, se alimentaban observando a otros seres como ellos mientras realizaban sus deposiciones naturales, lo hacían mediante unos recuadros mágicos que mostraban en todo momento el lugar en donde los seres expulsaban esos fluidos corporales que nunca deben ser guardados más de un tiempo prudencial. Como hipnotizados por tamaña visión continuamos el recorrido por aquel lugar, hasta llegar al punto en el que la comida nos sería servida, nos hallábamos allí después de aquella horrible visión y no sabíamos qué pedir, aquello nos salvó. El extraño hechizo que nos obligaba a tomar los alimentos según ese espantoso ritual cesó por un instante, tiempo suficiente para escapar de aquel lugar maldito. Nunca más lo pisaríamos.

Más hambrientos si cabe, nos dirigimos a otro lugar de alimentación, tras una espera de unos minutos nos indicaron que nos servirían en el subsuelo. Temimos encontrarnos de nuevo al gusano en un momento tan delicado como el de su alimentación, por suerte no estaba allí y evitamos exponernos a su cólera. Aquel lugar también estaba encantado, de una mesa no paraba de surgir comida que pronto era vaciada por los lugareños y nosotros mismos. No había rastro de los cuadros mágicos del otro punto de alimentación, así que apartamos nuestros temores y reposamos durante un tiempo tras el comienzo de tan duro viaje.

viernes, enero 02, 2009

La fábrica (5ª parte)

Saco por fin el ordenador y lo enchufo a la máquina. Absorto en el trabajo recupero sensaciones de mi mismo, logrando casi aislarme del entorno opresivo que me rodeaba. Casi, casi…

No estaba teniendo demasiados problemas con la avería, ya sabía dónde se encontraba y qué había que cambiar. Rutinario. Por una extraña razón no estaba satisfecho, pensé que el problema estaría en consonancia con el aspecto de la fábrica, pero no, una vez sustituya la pieza podré irme sin miedo a que vuelva a fallar y me hagan volver, por lo menos en unos meses. Y cuando toque ten por seguro que te vas a escaquear, así pierda vacaciones y todo.

Aún así algo iba mal, tenía una alarma encendida y no sabía por qué, si ya prácticamente estaba fuera de este maldito lugar. Estaba comprobando con el ordenador que el cambio de pieza fuera correcto, sí todo perfecto. Sólo habría que arrancar la máquina y largo de aquí… Pero porqué cojones estaba tan jodido¡. Me paré a pensar un segundo, qué estaba haciendo mal, sólo encender y marchar. Había algo que se me escapaba. Un momento, estoy escuchando a la gente trabajando, los sonidos normales de la fábrica. Hace cuánto los escucho realmente, además la neblina ha cambiado y puedo ver mucho más allá que antes, es que veo a los operarios, desplazando sacos, cajas,… Me invade la sensación perturbadora, creo que han estado aquí todo este tiempo y en cambio yo estaba ciego y sordo. Una hora después lo percibo todo de otro modo, más claramente, como si me hubieran despejado los sentidos, pero el miedo sigue ahí, la pequeña alarma que no logro desentrañar, me avisa de algo, pero todavía no sé de qué.

Bueno, es el momento, Arranquemos la máquina


La fábrica (1ª parte)
La fábrica (2ª parte)

La fábrica (3ª parte)
La fábrica (4ª parte)

domingo, diciembre 28, 2008

La fábrica (4ª parte)

La espesa niebla reinaba en la fábrica, joder no se veía nada 10 metros más allá, y el extraño hombre que me guiaba no dejaba de caminar, su paso era firme aunque el cuerpo parecía falto de energía, descansaba como muerto sobre la cintura. Sus zapatos debían tener una parte metálica en el talón por el sonido que hacían al rebotar contra el suelo, seco y fuerte cual tacones.

No nos cruzamos a nadie, él seguía en silencio y yo tan acojonado como antes. Si mucha gente dependía del funcionamiento de esta fábrica, dónde coño estaban. Solos este tipejo y yo en el medio de ninguna parte al lado de un pueblo en donde no me sorprendería que sirvieran seres humanos para comer. Dios, para, lo que me hacía falta imaginarme cosas agradables y felices. Mamáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. 1,2,3,4,5,6,7,8,9,…

-Señor Vasques. Aquí es.

Casi tropezando con él logro detenerme a tiempo.

-Eh, eh, va vale, no se preocupe. Le juro que tardaré el menor tiempo posible.

-Eso esperamos, Señor Vasques

-No, no hay nadie más trabajando hoy?.

-Por supuesto que sí, todo el mundo está trabajando hoy. Ah, supongo que todavía no ha acostumbrado la vista a la fábrica, pero descuide, los verá pronto, muy pronto. Ahora si me disculpa tengo ciertos asuntos que atender.

-Sí , sí claro. Por mi no hay problema…. Pero bueno si lograra acabar pronto, o tuviera algún problema, eh, donde podría localizarle. Le parecerá gracioso, pero no creo ni que fuera capaz de salir de la fábrica.

El tipo me mira con la sonrisa del mismísimo diablo, sigue ensanchando su boca aún más, Dios podría meter mi cabeza por ahí, y luego desaparece la sonrisa.

-Yo le encontraré a usted cuando nos necesite o termine.

Se da la vuelta y se pierde en la bruma. Estoy sólo y únicamente se escucha el repicar de los pasos del hombre extraño. Dónde está el resto del personal, todo parecía tan muerto. Bueno acaba y lárgate. Fácil y sencillo.

A ver qué han montado estos bichos.


La fábrica (1ª parte)

La fábrica (2ª parte)

La fábrica (3ª parte)



martes, agosto 26, 2008

La fábrica (3ª parte)

Cayeron al suelo, mis lágrimas descendieron libremente desde mi cara hasta el suelo y ahí se internarían hasta el centro de la Tierra, en busca de calor. No me podía mover, estaba aterrado, venga, puedo hacerlo, sólo tengo que mover una pierna y después la otra, pero dónde estaban?. Entonces escuché un sonido

-Señor Vasques?.

Qué era eso, como podía sentir todavía más miedo. Que ser podía sonar de aquella manera, mezclando de una manera tan artificial los sonidos, con unos agudos indefinibles, como si un animal hablara.

De nuevo - Señor Vasques?.

Pero más cerca, a mi vera, logro girar mi cabeza y ve a un... un hombre. No muy normal, pero un hombre al fin y al cabo. Además puedo muevo al fin las piernas. Me sitúo perfectamente frente a él. Fijándome más en él. Parece como si no me estuviera viendo, es decir estaba mirando al vacío y ante mi total parálisis abre de nuevo la boca.

-Es usted el Señor Vasques?.

Saliendo por fin de mi ensoñamiento. - Eh sí, sí. Vengo por lo de la avería.

El hombre comienza a caminar dándome la espalda, fijándome en ese momento en la extraña ropa antigua que lleva, toda de una tela parda y arrugada, con un corte... del siglo pasado. Mientras, usando esa voz extraña y lentamente pero sin titubear se vuelve a dirigir a mí -Por favor venga conmigo. No se detenga. Necesitamos arreglar una de las máquinas. Necesitamos arrancar la fábrica de nuevo. Es muy importante. Muchos dependen de nosotros.

-No se preocupe. Procuraré terminar en poco tiempo.

Mis pasos traspasaron el umbral de la fábrica, todos mis sentidos me alertaron, me indicaban que no debía seguir este camino, pero mi cuerpo no les pertenecía en aquel lugar. Lo único que sabía con total seguridad es que hasta que no solucionara la avería estaría a salvo.


La fábrica (1ª parte)

La fábrica (2ª parte)

domingo, agosto 17, 2008

La fábrica (2ª parte)

Todavía sin reponerme de la impresión del pueblo de Adargasnof y sus extraños visitantes, llegué al punto de destino. Bajé del coche y cuando salí de él sin música que me protegiera, toda mi recuperación se había ido al garete. Es que estaba encogido, literalmente encogido. Todo mi cuerpo. Qué me sucedía, joder no era un cobarde y no tenía motivos para acojonarme ante... Miro por fin a la fábrica, sí hay motivo. No superaba lo del pueblo, pero métele al viejo en la entrada y me voy por los pantalones abajo al instante. El cómo ese conjunto de hierros oxidados podía mantenerse en pie sería digno de estudio. El diseño de la entrada parecía la del pasaje del terror, tenía dientes, bueno debían ser viguetas que no me explicaba qué función podrían tener más que acojonar al personal de la fábrica y entorpecer el paso de mercancías.

Calma, calma¡. Me dirijo hacia el maletero dándome ánimos, cojo el maletín con las herramientas y el portátil, cierro bien el coche y me digo. Acaba pronto. Por Dios acaba pronto y lárgate de aquí ya. Parece mentira cómo los no creyentes se acuerdan de Dios en los momento difíciles de verdad. Pero ahora entendía lo que puede animar a los católicos una cruz en el pecho, porque me sentía como un animalito desnudo a punto de entrar en la boca del lobo y sin nada a lo que agarrarme.

Llego por fin a la entrada, pero no la traspaso. No sé porqué tengo la sensación de que si doy un paso más no volveré a sentir el calor de mi casa jamás. Entonces me doy la vuelta, cómo no lo pensé antes, qué idiota soy, huír, sí huír de este lugar, vovler a casa y luego ya me inventaré una excusa. Sí saldré de aquí, pero no, no di ni un sólo paso. De nuevo estaba petrificado, de pie dándole la espalda a la entrada del infierno. Una par de lágrimas se deslizaron por mi rostro, y las envidié, con todo mi ser, surcando mi cara y escapando de aquí...

jueves, julio 10, 2008

La fábrica (1ª parte)

Otro día más de trabajo, miércoles por la mañana, legañas en los ojos y una niebla que se incrustaba en mis huesos hasta desperezarlos. Hoy tenía un trabajo en una fábrica de Adargasnof, tierra de leyendas y mitos, con lugareños huraños y de mirada sibilina, o eso dicen. Pamplinas. Acabo de meter las herramientas en la furgoneta y parto hacia mi destino. La músca aleatoria del radiocedé del coche ameniza la monotonía de un paisaje esquelético de montaña. Apenas se ve pasar algún que otro coche o camión. Antes de llegar a la fábrica he de pasar por el pueblo de Adargasnof, con o sin leyendas la realidad es que impone un respeto antinatural. Todas las calles son de adoquín presentando un brillo extraño ante el reflejo de los faros de la furgoneta, como si absorbieran más luz de la que debieran, tenían algo especial, pero lógicamente no me apetecía comprobarlo, al menos no hoy. Y no es que fuera porque tuviera ganas de empezar a trabajar, que maldita la hora en que el jefe me envió a este destino, no, es que las "gentes" del lugar parecían estatuas con cabezas giratorias que no hacían más que mirar, o mejor dicho vigilar, mi paso por el pueblo, como si fuera una celebridad. Pero realmente lo más inquietante de todo no era esto, sino su indumentaria, cómo explicarlo..., era algo que nunca había visto, parecía lana muy gruesa y compacta, dura de verdad, de color oscuro, sobre la que caían gotas del agua condensada por la niebla. Además todos llevaban sobre la cabeza una extraña capucha del mismo material, detalle que fue lo que me causó una mayor inquietud, porque parecía que dentro de aquellas ropas sólo hubiera sombras. En vez de acelerar para llegar a la fábrica de una vez, iba más lento, o eso me parecía, empezaba a pensar que toda esa "gente" me estuviera reteniendo de algún modo. Entonces pegué un frenazo de repente, un viejo arrugado se encontraba detenido ante mí, en medio de la calle, me quedé con los ojos abiertos como platos y la boca como si se hubiera desencajado, el "señor" en cuestión no llevaba nada de ropa por encima de su cintura, tenía el pecho descubierto, pálido y lleno de un pelo espeso, se apoyaba sobre un bastón, sin moverse ni un ápice de su posición. Su cara, su cara miraba a niguna parte con unos ojos totalmente blancos y una sonrisa de oreja a oreja en la que no se veía ni un sólo diente. Creo que el tiempo pasaba, pero no lo podía saber con exactitud, hasta que entonces pensé en el radiocedé, no funcionaba¡, estaba en un absoluto silencio, en medio de ninguna parte y delante de algo que tenía que dejar atrás ya, giré el volante y aceleré, pero ni siquiera fue una arrancada fulgurante, salí lentamente pasando a un lado del viejo que continuaba imperturbable, serían los adoquines los que frenaban a las ruedas?. Al fin la música comenzó a sonar de nuevo, estaba fuera del pueblo, de camino a la fábrica y con la piel de gallina... pamplinas

miércoles, junio 18, 2008

Donde estoy


Edificios anónimos, mar de fondo y un marco para saber en qué lugar se está. El pasar de la gente, el moverse una y otra vez e insistir en ello; jugando a ser, sin ver el lugar en donde está. Es parte de lo que se puede observar desde una terraza anónima. Al final uno se gira y se descubre ante sí, encerrado y triplicado, quién está realmente enjaulado?. El lugar donde estoy es una incógnita, que se divierte a la espera de resolverse, pero hoy no hay solución.

lunes, junio 16, 2008

Un post casual

Caminaba tranquilamente por unas calles poco iluminadas, ni un alma a mi alrededor en una noche de niebla. Los comercios, bares y portales estaban bien cerrados, sin inmutarse ante el sonido de mis pasos. Únicamente se reflejaba mi cuerpo sobre todos estos lugares, observándome mi doble sombrío, esperando a que detuviera mi marcha y me fundiera con él. Pero yo continuaba, aislado, disfrutando del ambiente umbrío y húmedo. En un momento luces de xenon de una lujosa berlina se cruzaron ante mí, dejándome un instante de ceguera y una compañía indeseable que una vez alejada de mí, acentuó la oscuridad que de nuevo me abrazaba. Momentos de paz, momentos de oscuridad.